El Arte de Emprender

¡Claro que emprender también es un arte! O al menos.. hay que saber hacerlo con arte.

índicePues hay emprendedores valientes que aseguran que “Quieren emprender en verde

De sobra sabemos que el color verde lleva una buena temporada de moda. Y el emprendimiento, aunque más novedoso, va sumando experiencia en eso de “estar en boga”. Así que la mezcla debería ser explosiva, la cresta de la ola, lo más chic del momento y llevarnos a todos de calle ¿no?

Pues he aquí algunos ejemplos de iniciativas que han llegado a buen puerto y de otras que están en plena pista, despegando hacia un punto muy alto.

Existen alternativas en el ámbito turístico, que mezclan el auge del turismo rural con el interés por la naturaleza y obtienen: Más que pájaros.

Están las agrupaciones que nos facilitan información para que analicemos las opciones y decidamos cómo actuar.

Gente, que a nivel individual o colectivo da un giro a su vida y se acerca a las prácticas tradicionales.

Y también el protagonista del artículo al que nos referimos al principio de esta entrada, que innova en el campo del mobiliario doméstico de una forma muy fácil y resultona.

Teamwork of businesspeople¿Qué… os animáis a emprender vuestra propia aventura?

Reutilización de espacios urbanos

Muy famosa ha llegado a ser La Regla de las 3R, que recientemente habéis podido oír que ha pasado a ser La Regla de las 4R, 5R o “n” erres. Afortunadamente, poco a poco, va haciéndose hueco en nuestras cabezas y costumbres. Pero, normalmente ¿en qué tipo de residuo pensáis cuándo os viene a la mente esta regla? ¿os habéis planteado la aplicación de esta regla para los espacios, para los lugares?

Existe una red de colectivos y personas que sí se lo ha planteado y buscan la construcción participativa del entorno urbano: Arquitecturas Colectivas.

Agrupaciones como el colectivo Todo Por la Praxis y la plataforma INCREASIS, aportan ideas, apoyo y herramientas a proyectos que buscan recuperar espacios abandonados y sacarles mucho jugo. De la idea, pasaron a la acción y gracias a ello, existen hoy espacios urbanos preparados y acondicionados para acoger distintas propuestas ciudadanas.

Por ejemplo, El Campo de la Cebada, en pleno centro madrileño, es un espacio que acoge conciertos, reuniones de colectivos, huerto urbano, lugar de descanso, deportes, teatro, talleres… Un solar antes en desuso, es ahora un lugar vivo dentro de la ciudad, aprovechado por los vecinos.

big_400583_4613_04_02-El-Campo-de-Cebada-by-El-Campo-de-Cebada1¡ésta es una PLAZA!, también en Madrid, es otra iniciativa interesante, con talleres abiertos al público, un intenso trabajo a sus espaldas y bien situado.

chocolatada-01También en el barrio de San Blas, está la “reciente” creación del Espacio Vecinal Montamarta, tras haber estado 20 años en desuso, los vecinos han tomado las riendas para exprimirlo y disfrutarlo.

En Santos de Maimona, Badajoz, podéis visitar una antigua cementera, La Fábrica de Toda la Vida, convertida en un lugar activo gracias a bAuk, el colectivo ConceptuArte y Recetas Urbanas.

01 C BLOGSPOT Santos de Maimona R-01 DY en Eibar, Guipúzcoa, podéis acercaros a los talleres organizados por MEtxea, para dar otra vuelta de tuerca a la arquitectura y los usos prácticos de los espacios y muebles.

ud3total01Se termina octubre con días fríos y soleados, aún perfectos para disfrutar de todos estos espacios y otros muchos interesantes. ¡Animaos!

 

La cuarta R

Suponemos que a estas alturas ya habeis oido alguna vez lo de las tres erres:

RRRPero relativo al tema no podemos evitar transcribir un artículo entero de Alex Fernandez Muerza para ecoportal.net acerca de una recien nacida cuarta R de REPARAR, porque parece que lo hubieramos escrito nosotras mismas y no lo podemos mejorar en absoluto debido a sus extensas recomendaciones (otra R más). ¡Esperamos que lo disfruteis tanto como nosotras!

Hazlo y repáralo tú mismo

Frente al “usar y tirar” o a los productos que se quedan obsoletos enseguida, cada vez más personas optan por el “hazlo tú mismo” o el “repáralo”. Algunos incluso se organizan en movimientos como “Maker” (fabricador) o “Fixer” (reparador). Fabricar algo con sus propias manos o arreglarlo alarga la vida de los productos, ahorra dinero y reduce su impacto ambiental. Además, estas personas ejercitan el cuerpo y la mente, se sienten útiles y no meros consumidores pasivos.

El movimiento “Maker” tiene su origen en 2005. Dale Dougherty, creador del término “web 2.0” y responsable de la editorial O´Reilly Media, publicaba ‘Make:‘, una revista centrada en los proyectos “DIY” (Do It Yourself, hazlo tú mismo). Al año siguiente, se organizaron las “Maker Faires” (Ferias Maker), que reúnen a los seguidores de este emergente movimiento.

Un caso paradigmático es el de Doe Kelvin. Este joven de 15 años ha construido en su país, Sierra Leona (África), una estación de radio de forma autodidacta con los materiales que ha encontrado a su alrededor. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) le invitó a visitar el centro, y en un vídeo cuenta su historia.

En la actualidad, miles de personas en ciudades de todo el mundo participan como makers activos o como visitantes asombrados de las maravillas que se pueden hacer con poco dinero y mucha imaginación. Barcelona y Bilbao acogen las primeras ferias Maker de España.

Chris Anderson, responsable de la influyente revista tecnológica ‘Wired’, dedica a estas personas su último libro, en el que ya desde el mismo título deja clara su opinión sobre la trascendencia del concepto: Makers: The New Industrial Revolution‘ (Makers, la nueva revolución industrial).

La idea no es nueva, pero en la actualidad cobra fuerza en una sociedad donde el problema económico y ambiental de los residuos, en concreto los tecnológicos, es cada vez mayor.

De “Maker” a “Fixer”

Por su parte, los “fixers” ponen el énfasis en reparar o actualizar los productos para evitar tirarlos a la basura. El problema se extiende a todos los productos actuales de consumo, si bien las nuevas tecnologías son uno de los casos más claros. Los ordenadores, o los teléfonos móviles, se quedan obsoletos cada vez más rápido aunque no se estropeen. Además, una pequeña avería puede entrañar que ya no sirvan porque se supone que no merece la pena arreglarlos.

Los “fixers” se rebelan contra esta situación y buscan la manera de alargar la vida a los productos. Algunos de ellos han comenzado a organizarse. El colectivo Repair Café surgió en 2007 en Ámsterdam impulsado por la periodista holandesa Martine Postma. La idea consiste en organizar eventos gratuitos donde reunir a personas para compartir conocimiento y reducir gastos, de forma que merezca la pena arreglar antes que tirar. Electrodomésticos, muebles, bicicletas, etc., cualquier objeto es bienvenido. La iniciativa se ha convertido en una fundación y red internacional que organiza eventos periódicos en países de todo el mundo.

En Brooklyn, Nueva York, el colectivo “Fixer” se reúne una vez al mes en una galería de arte. Invitan a sus vecinos a que lleven todos los objetos destinados en principio a la basura. La mayoría de las veces consiguen arreglarlos.

Internet también ayuda. Cada vez más gente se anima a explicar cómo arreglar las cosas en sus páginas web, donde ofrecen todos los detalles con texto e imágenes y hasta tutoriales de vídeo. Algunos incluso crean webs específicas para ayudar a reparar, como iFixit.

Consumidores, claves contra la obsolescencia

La denominada obsolescencia programada saltó a la opinión pública por ‘Comprar, tirar, comprar‘. Este documental argumenta que los productos de consumo duran cada vez menos porque las empresas los diseñan y fabrican así para vender más.

Diversos expertos sostienen que este concepto no es real. José Ramón Carbajosa, director general de la Fundación Ecolec y presidente del WEEE-Forum, afirma que en todo caso hay una obsolescencia funcional o tecnológica, porque los consumidores quieren disfrutar de las novedades y aparcan los modelos antiguos aunque funcionen. Por ello, apela a que los consumidores se conciencien en sus decisiones de compra. Hugo Pardo Kuklinski, profesor de Comunicación Digital de la Universidad de Barcelona, también cree en la responsabilidad de los consumidores para vencer a esta obsolescencia prematura. Una forma de combatirlo en su opinión sería mediante la compra de objetos más caros pero pensados para durar más, y que podrían compartirse para reducir gastos.

En definitiva, si los consumidores exigen otro tipo de productos, las empresas tendrán que adaptarse. Así lo ven también los defensores del ecodiseño, o diseño ecológico de los productos de consumo. Y porque además, es ventajoso para todos: un buen diseño ecológico reduce el impacto ambiental y genera beneficios económicos.