¿Cisgenesis…qué?

Siempre nos han atraido los juegos de palabras y los términos largos y complicados; el supercalifragilísticoespialidoso , el esternocleidomastoideo, el ácido desoxirribonucleico y esas cosas. Y leyendo leyendo, nos hemos topado con uno que no conocíamos, la cisgénesis. Así que vamos a intentar aclararnos sobre este concepto…

Siendo precisos, el término se suele aplicar más como adjetivo que como verbo, es decir, hablamos más de algo “cisgénico” que de “cisgenetizar”. Y en particular se aplica a las plantas, así pues hablamos de plantas cisgénicas y ésto ya nos suena mejor (o peor, pero nos suena) ¿no?

Exacto, al igual que hay alimentos transgénicos, existen los alimentos cisgénicos, que son aquellos que están modificados mediante técnicas de implantación genética artificial no con genes de otras especies, si no con genes de su misma especie. Poniendo un ejemplo, un tomate sería transgénico si le inoculásemos el gen de un pez (como el mítico proyecto de DNA Plant Technology, una compañía que desarrolló un tomate experimental, en 1991 que incluía un gen modificado a partir de una raza de la platija ártica que, se esperaba, iba a permitir a los tomates ser más resistentes a las heladas, pero que nunca se llegó a realizar) y sin embargo será un tomate cisgénico si le implantamos un gen de otro tomate.

Al contrario que los alimentos transgénicos, los cisgénicos han conseguido esta primavera la aceptación reconocida por la Autoridad de Seguridad Alimentaria Europea (la EFSA) cuando ésta declaró que los cultivos cisgénicos no acarreaban más riesgos para la salud que aquellos cultivos desarrollados utilizando métodos clásicos de hibridación, ya que el “caos natural” de los genes o de los “injertos” tradicionales podría estar al mismo nivel que los modificados a nivel molecular en un laboratorio.

Teniendo en cuenta esta declaración ¿por qué iba nadie a estar en contra de la cisgénesis? ¡Podríamos conseguir mejoras en nuestros cultivos en sólo una generación, en lugar de realizar hibridaciones mediante el método clásico de prueba y error año tras año! Pero (siempre hay un pero) sus detractores argumentan que, al igual que la transgenia, esta nueva técnica afecta negativamente al sistema alimentario: inducirá al monocultivo, con la consecuente pérdida de biodiversidad de las especies no alteradas, favorecerá los monopolios y el enriquecimiento de los productores de patentes alimentarias, que se quedarán con los beneficios de semillas que antes se intercambiaban entre los productores sin ninguna ley de propiedad intelectual que las privatizase, e incluso “ablandarán” las políticas de protección de la producción y seguridad alimentaria, que ya en nuestro pais, dentro de Europa, son de las más “ligeras”.

Así pues, os recomendamos que siempre vayais un poco más lejos de las opiniones de los “expertos” y que pensemos por nosotros mismos que consecuencias en el ecosistema pueden tener nuestros actos… porque esto no es ningún juego (de palabras) si no un problema, tan básico e importante, como el sustento y la salud de la humanidad y de nuestro planeta.

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